En Fundament, queremos dedicar más tiempo a investigar estos efectos y fomentar un debate informado que permita tomar decisiones responsables sobre el futuro del trabajo, la sociedad y la vida cotidiana en la era de la IA.
La inteligencia artificial (IA) está remodelando el mundo laboral a una velocidad sin precedentes. Su capacidad para automatizar tareas, optimizar procesos y mejorar la eficiencia está transformando industrias enteras. Sin embargo, más allá de su impacto en la productividad, la IA plantea preguntas fundamentales sobre la cohesión social, la equidad en el acceso a oportunidades y el papel del trabajo en la convivencia humana.
El reciente taller AI Salon at HumanX, celebrado en marzo de 2025, reunió a expertos en IA, líderes empresariales y formuladores de políticas para debatir el futuro del trabajo y la gobernanza de la automatización. Entre las principales inquietudes, se destacaron temas como la brecha entre quienes pueden adaptarse a la IA y quienes quedan rezagados, el impacto en el valor del trabajo humano y los cambios estructurales necesarios para garantizar un futuro más equitativo.
El impacto de la IA en la estructura social
Según el Foro Económico Mundial (WEF), se estima que para 2025 la automatización desplazará 85 millones de empleos, pero también creará 97 millones de nuevos roles adaptados a la economía digital. Sin embargo, la velocidad del cambio y la falta de acceso equitativo a oportunidades de reskilling pueden generar una sociedad aún más polarizada, donde solo quienes tienen los recursos para adaptarse podrán beneficiarse de esta transformación.
Esto plantea preguntas importantes:
- ¿Cómo evitamos que la IA amplíe la desigualdad? Si las oportunidades de adaptación no se distribuyen equitativamente, corremos el riesgo de generar una fragmentación social aún mayor.
- ¿Cómo redefinimos el valor del trabajo en la era de la automatización? Si muchas tareas productivas pueden ser realizadas por máquinas, es esencial reconocer y recompensar otras formas de contribución a la sociedad, como el trabajo de cuidado, la educación y la creatividad.
- ¿Qué sucede con la convivencia en un mundo con menos empleo tradicional? El trabajo ha sido históricamente un espacio de interacción y propósito. Si estas estructuras cambian, ¿cómo mantenemos la cohesión social?
La “conveniencia” y la erosión de nuestras capacidades cognitivas
Además del impacto en el empleo, la IA también transforma nuestra forma de pensar, aprender y relacionarnos. La automatización de tareas cotidianas nos ha hecho más dependientes de la tecnología, reduciendo la necesidad de desarrollar ciertas habilidades cognitivas. Desde aplicaciones que completan nuestros textos hasta algoritmos que toman decisiones por nosotros, la comodidad que nos ofrece la IA puede tener efectos adversos en la autonomía del pensamiento crítico y la capacidad de resolución de problemas.
Las películas Tiempos Modernos de Chaplin o Blade Runner han explorado, desde diferentes perspectivas, los desafíos de la automatización y la relación entre humanos y tecnología. Mientras Chaplin denunciaba la deshumanización del trabajador en la era industrial, Blade Runner planteaba preguntas sobre la dignidad del trabajo y el valor de la creatividad humana frente a la inteligencia artificial. Hoy, estas cuestiones dejan de ser ciencia ficción y se convierten en desafíos urgentes.
- ¿Nos estamos volviendo menos capaces de tomar decisiones complejas? Si delegamos cada vez más tareas en la IA, corremos el riesgo de perder habilidades esenciales como el pensamiento crítico y la creatividad.
- ¿Cómo equilibramos la conveniencia con el desarrollo de nuestras capacidades? Es fundamental encontrar formas de integrar la IA sin comprometer el aprendizaje, la memoria y la capacidad de resolver problemas.
Hacia un futuro más equitativo y humano
Si bien la IA ofrece oportunidades extraordinarias, su implementación debe estar guiada por valores humanos. Para evitar una brecha social irreversible, es necesario:
- Redefinir qué consideramos trabajo valioso. Si la IA automatiza muchas tareas productivas, podríamos reconocer y recompensar mejor actividades esenciales para la comunidad.
- Garantizar acceso equitativo a la formación y el reskilling. No todas las personas tienen las mismas oportunidades para adquirir nuevas habilidades. Es fundamental desarrollar políticas que permitan una transición justa.
- Fomentar la autonomía cognitiva en la era de la IA. Diseñar sistemas que complementen nuestras habilidades en lugar de reemplazarlas, promoviendo el pensamiento crítico y la creatividad.
La clave no es solo adaptarnos a la IA, sino decidir qué tipo de sociedad queremos construir con ella.
La automatización no debe desplazar la dignidad del trabajo ni erosionar nuestras capacidades humanas, sino reforzar nuestro papel en la convivencia y el bienestar colectivo.
La inteligencia artificial no es solo una cuestión tecnológica o económica, sino un tema central para la convivencia.
Su integración en la sociedad debe ser un proceso consciente, en el que primero generemos un mayor entendimiento sobre sus implicaciones, tanto positivas como negativas.
Antes de pensar en nuevos modelos de convivencia con IA, es crucial desarrollar una conciencia colectiva sobre lo que significa y puede significar su avance.
También es fundamental establecer mecanismos de control y regulación adecuados, evitando que la tecnología se despliegue sin una comprensión clara de sus repercusiones, tanto intencionadas como no intencionadas.
Foto de Ryoji Iwata en Unsplash